Lo primero, en el minuto uno
El bebé se ha caído y ha sonado feo. Antes de nada: coge al bebé, tranquilízalo y tranquilízate tú [1,9]. Que llore fuerte y se calme en tu pecho es, dentro del susto, una buena señal: significa que está despierto, respira y reacciona [1,9]. Mientras lo consuelas, aprovecha para fijarte en unas cuantas cosas, sin agobio:
- Cómo ha sido la caída: desde dónde, sobre qué superficie, si se ha golpeado directo o ha quedado amortiguado. No hace falta que lo apuntes; es la información que te va a preguntar el pediatra o el 112 si hay que consultar [7].
- Cómo tiene la cabeza y el cuerpo: mira si hay heridas, sangre o algún hundimiento raro en el cráneo, y comprueba que mueve bien brazos y piernas, que te mira con normalidad y que reacciona a tu voz y a las cosquillas como siempre [1,9].
- Si hay una herida que sangra, lávala con agua y aprieta con una gasa limpia unos minutos [9].
- Si sale un chichón, ponle frío cuanto antes (más abajo te cuento cómo) [1,9].
Y a partir de ahí, empieza el rato de observación tranquila. El bebé puede seguir con su vida: jugar, comer y, si le toca, dormir. No hay que mantenerlo despierto a la fuerza [3,9,10].
El chichón: por qué se ve peor de lo que es
El chichón es una hinchazón del cuero cabelludo porque se han roto vasitos de sangre bajo la piel. Es un moratón superficial: por sí solo no significa que haya daño en el cerebro [5,9,11].
¿Por qué en los bebés parece siempre una barbaridad? Porque tienen el cuero cabelludo lleno de vasos y muy blandito por debajo, así que se hincha mucho y muy rápido ante golpes que en un adulto apenas dejarían marca [1,11]. Asusta un montón, pero, él solo, no es señal de gravedad.
Lo normal es que crezca durante las primeras 24 horas y luego empiece a bajar; puede que salga un moratón alrededor según se deshincha, y en una semana suele haber desaparecido casi del todo [11]. El propio bulto sí merece que consultes si es muy grande y sigue creciendo pasadas varias horas, si no empieza a bajar tras un par de días, o si se acompaña de cualquiera de las señales de alarma de más abajo [11]. Y ojo: da igual que el chichón salga "hacia fuera" o "hacia dentro" —no hay evidencia de que la forma del bulto indique gravedad; lo importante es cómo está el bebé, no el aspecto del chichón (te lo cuento en la sección de mitos).
Cómo poner el frío (bien)
- Cuanto antes, mejor: aplicarlo pronto ayuda a que el chichón no se hinche tanto y calma el dolor [9].
- Nunca el hielo directo sobre la piel —puede quemar por frío—: envuélvelo siempre en un paño o una gasa limpia [3,17].
- Un rato, no sin parar: aplícalo en tandas cortas —no más de unos 20 minutos seguidos— y repítelo a ratos a lo largo de las primeras horas, sobre todo el primer día [9].
- Pasado el primer día, si queda moratón, algunas guías de divulgación dicen que un poco de calorcito suave ayuda a reabsorberlo; es cosa de comodidad y estética, no de seguridad, y no quita el tener que seguir vigilando [11].
Las señales de alarma: apréndetelas
Con chichón o sin él, estas señales piden que consultes ya (urgencias / 112) [1,2,6,7,8,10]:
- Pérdida de conocimiento, aunque haya sido un instante.
- Vómitos repetidos (dos, tres o más veces). Un único vómito justo tras el golpe es frecuente y no siempre es alarma [7,8].
- Se queda muy dormido y cuesta despertarlo, o no se despierta con normalidad para las tomas.
- Llanto que no cesa de ninguna manera o rechazo persistente del pecho/biberón.
- Convulsión: movimientos rítmicos, se pone rígido, se queda ausente.
- Sangre o un líquido claro y transparente por la nariz o los oídos.
- Un hundimiento que ves o notas en el cráneo.
- Una pupila más grande que la otra, o cambios en la mirada.
- Muy pálido o con mal color.
- Está distinto: más apagado, más "ausente", más flojo en brazos de lo habitual, o un dolor de cabeza que en vez de ir a mejor va a peor [6,7,8,10].
En un bebé pequeño, casi todo esto se nota como un cambio en su forma de ser: deja de comer, llora distinto, duerme fuera de hora, está más flojito [2,10]. Nadie conoce a tu bebé como tú: si notas que "no es él", eso ya es motivo para consultar.
Vigilar en casa o ir a urgencias
| Situación | Qué hacer |
|---|---|
| Golpe leve (poca altura), llora y se consuela, luego juega, come y está normal, sin ninguna señal de alarma | Vigilar en casa 24-48 h, con frío si hay chichón [3,7,9] |
| Cualquier señal de alarma de la lista de arriba | Urgencias / 112 ya [1,6,7,8] |
| Caída fuerte: desde más de ~1 metro o desde una altura mayor que la del propio bebé, coche, escaleras, superficie dura, objeto pesado en la cabeza | Valoración urgente, aunque parezca estar bien [1,6,7,10] |
| Herida con hundimiento, chichón grande que no para de crecer, o corte que quizá necesite puntos | Pediatra/urgencias el mismo día [6,9] |
| Bebé de menos de 3 meses, con cualquier caída | Valoración médica siempre, aunque no haya ninguna señal [10,17] |
| Tienes dudas, aunque no veas nada claro | Consulta (pediatra, urgencias o teléfono de salud): pedir que lo revisen "para quedarte tranquila" nunca sobra [7,9] |
(Tabla orientativa; no sustituye la valoración de un profesional. Ante la duda, consultar.)
"¿Y lo de despertarle cada hora toda la noche?"
Aquí hay una novedad que te va a aliviar. Es cierto que hay que vigilar 24-48 horas, porque algún síntoma puede tardar en aparecer [1,7,9,11]. Lo que ha cambiado es la parte de despertarle cada hora: las guías actuales ya no lo recomiendan, porque descansar bien ayuda a recuperarse y despertarle sin parar solo os deja agotados a los dos sin ganar seguridad de verdad [2,4].
Lo que se aconseja ahora es más llevadero: déjale dormir y vigílalo de cerca, sin necesidad de despertarle cada hora; comprueba de vez en cuando que respira tranquilo, tiene buen color y —al moverle o al ir a verle— responde y se despierta con normalidad [2,4]. Si te cuesta despertarle de verdad o no reacciona como siempre, eso sí es motivo de urgencias inmediatas [2,4]. Y un consejo de sentido común, aunque no lo fije una guía concreta: la primera noche, duerme cerca de él para reaccionar rápido si algo cambia —sin necesidad de despertarle a propósito.
La regla de los 3 meses
Si tu bebé tiene menos de 3 meses y se ha dado un golpe en la cabeza, toca pediatra o urgencias siempre, aunque esté tan tranquilo y no haya llorado apenas [10,17]. Es el mismo principio que con la fiebre a esa edad: "parecer que está bien" no descarta una lesión, y el margen de seguridad es mucho más pequeño [10,17]. No es alarmismo; es lo prudente.
Y aunque ya haya pasado de los 3 meses, mientras sea menor de 1 año conviene que lo valoren si, además del golpe, empieza a vomitar, el llanto o el malestar van a más en vez de calmarse, se comporta raro, o la caída fue desde más alto que su propia estatura [7,10]. En los bebés que todavía no andan, caerse del cambiador, de la cama o del sofá no es un golpe cualquiera: no se frenan con las manos y su cabeza aún es inmadura, así que el listón para consultar es más bajo que en un niño que ya corretea [1,6,7].
La conmoción cerebral en bebés
La conmoción (o concusión) es una lesión leve del cerebro por un golpe o una sacudida, que le altera un tiempo el funcionamiento; casi nunca deja algo visible en las pruebas de imagen [2,7]. En un bebé es difícil de pillar porque él no te puede decir "me duele la cabeza" o "veo borroso": lo enseña portándose distinto —más irritable o más apagado, más pegajoso, durmiendo mucho más (o nada), rechazando las tomas [2,10]. Por eso lo que tú cuentas es la mejor pista para el médico [2]. Pide ayuda urgente si hay llanto que no para, rechazo total del alimento, vómitos repetidos, sueño del que no despierta bien, pupilas distintas, convulsiones o un cambio de comportamiento grande respecto a su normalidad [2]. En los peques, recuperarse puede llevar algunas semanas más que en los mayores; hoy se prefiere ir bajando estímulos poco a poco antes que el reposo absoluto, y dormir se considera bueno para la recuperación [2].
Lo que NO hay que hacer
- No le obligues a estar despierto ni le despiertes cada hora toda la noche: es un consejo antiguo y desactualizado [2,3,4].
- No pongas hielo directo sobre la piel: siempre en un paño [3,9].
- No le des ibuprofeno ni otros antiinflamatorios por tu cuenta tras un golpe en la cabeza; si hace falta algo para el dolor, el de referencia es el paracetamol, y la dosis la dice tu pediatra o el farmacéutico según su peso [9]. (Es un criterio general de urgencias pediátricas; conviene que el pediatra lo confirme en cada caso.)
- No le dejes solo durante el rato de observación.
- No te fíes solo del llanto: que llore es buena señal, pero un llanto que se corta de golpe y da paso a mucho sueño también puede ser alarma. No vale el "como no llora mucho, seguro que está bien" [3,7].
- No uses friegas de alcohol ni remedios caseros sobre el golpe.
- Si el golpe ha sido fuerte o desde altura, no le muevas el cuello de forma brusca: mantenlo quieto y pide ayuda / llama al 112 [7].
Otras caídas: brazos y moratones
No todo son golpes en la cabeza. Si tras una caída ves que el brazo o la pierna se ven torcidos, se hinchan enseguida, el bebé no los mueve o llora mucho al tocárselos, o no quiere apoyar peso, conviene que lo valoren el mismo día por si hay una fractura [13].
Los moratones en las zonas que sobresalen (frente, espinillas, rodillas, codos) son normalísimos en cuanto empieza a gatear y andar, y por sí solos no preocupan. Sí conviene comentar con el pediatra los que aparecen sin que recuerdes ningún golpe, están en sitios raros (tronco, espalda, orejas), son muchos y de distinta antigüedad, o tardan mucho en irse. Es parte del seguimiento normal de su salud, no una alarma: la inmensa mayoría de moratones de un bebé activo son de lo más corriente.
Que no vuelva a pasar: prevención
La mejor urgencia es la que no ocurre. Con lo que ya sabe moverse tu bebé (y con lo que sabrá en nada), esto es lo que más caídas evita:
- El cambiador: nunca, ni un segundo, dejes al bebé solo encima, aunque creas que "todavía no se mueve" —desde las primeras semanas puede desplazarse con un movimiento brusco. Ten todo preparado antes de empezar y, si tienes que alejarte, cógelo en brazos y llévatelo [14,15]. La colchoneta debe tener borde anticaídas y base antideslizante [15]. El cambiador es, según los datos de seguridad infantil, una de las caídas más frecuentes del primer año, y casi siempre por lo mismo: un segundo de despiste con el móvil [15].
- Cama, sofá y cualquier superficie alta: nunca dejes solo a un bebé que aún no anda donde pueda rodar y caer [16].
- Cuna: revisa la altura del colchón, la separación de los barrotes y la firmeza desde el primer mes [16].
- Trona y hamaca: usa siempre el arnés, sujeto al mueble, no solo al cojín [15].
- Cuando ya se mueve por la casa: rejas en las escaleras, muebles y tele anclados a la pared, ventanas protegidas [16].
El chichón que asusta casi nunca es el que hay que temer
Un segundo. Bajas la vista al móvil un segundo, y el bebé —que "todavía no se giraba"— rueda del cambiador y golpea contra el suelo. El ruido es de esos que se te quedan grabados. Se te dispara el pulso, y a los dos segundos empieza a salirle un chichón que crece como si tuviera vida propia. Voy a contar la historia corta, en el orden en que he visto que funciona, y empieza, otra vez, por bajar tú las pulsaciones antes de mirar nada.
Lo primero que hay que entender es contraintuitivo: el bulto no es el dato. Ese chichón que crece a ojos vista da miedo precisamente porque crece rápido, pero en un bebé la cabeza se hincha por nada —el cuero cabelludo está lleno de vasos y el tejido de debajo es blando— así que un golpe menor puede dar una hinchazón aparatosa que en un adulto ni se vería [1,11]. El chichón es un moratón superficial; no es una ventana al cerebro, es un problema de piel y vasitos [5,9,11]. Lo que de verdad hay que vigilar no se ve en el bulto: se ve en el bebé, y a lo largo de las horas siguientes.
Este texto no es una consulta ni un diagnóstico. No va a decidir por ti si hay que ir a urgencias: eso lo decide un profesional que mire al bebé. Lo que sí puede hacer es darte lo único que hace falta tener claro con las manos temblando: qué mirar, qué mito soltar y dónde están las dos líneas que no admiten "vamos a ver cómo sigue".
La primera línea que no espera
Bebé de menos de 3 meses con cualquier golpe en la cabeza = pediatra o urgencias, siempre, aunque esté sonriendo [10,17].
Va sola en su párrafo porque es la más importante de la página. No es alarmismo: es el mismo principio que con la fiebre a esa edad. A los pocos meses de vida, "parecer que está bien" no es garantía de nada, y el margen de seguridad es demasiado estrecho para jugárselo [10,17]. En un bebé que aún no camina, además, una caída del cambiador, de la cama o de tus brazos no es "un golpe tonto": no tiene reflejos para frenarse con las manos y su cráneo todavía es inmaduro, así que el mecanismo pesa más de lo que parece [1,6,7].
Fíjate en lo que no dice esta regla. No dice "espera a ver si vomita". No dice "si no llora, tranquila". Dice consulta. En este tramo de edad, el buen aspecto no es un filtro válido.
La segunda línea: las señales que mandan al 112
La otra línea la marcan los signos neurológicos. Con chichón o sin él, estos no esperan [1,2,6,7,8,10]:
- Pérdida de conciencia, por breve que sea.
- Vómitos que se repiten —dos, tres veces o más—. Un vómito único justo tras el golpe es frecuente y no siempre alarma; lo que preocupa es que insistan [7,8].
- Somnolencia que no toca: cuesta despertarle, no responde como siempre, no se despierta bien para comer.
- Convulsión, sangre o líquido claro por la nariz o el oído, un hundimiento en el cráneo, o una pupila más grande que la otra [1,6,7,8].
- "No es él": no se consuela de ninguna manera, mal color, más apagado o más ausente de lo normal, o un dolor de cabeza que va a peor en lugar de a mejor [6,7,10].
En un bebé, casi todo esto habla el idioma del comportamiento, no el de las palabras: deja de mamar, llora distinto, se apaga [2,10]. Y aquí la honestidad que más cuenta: nadie tiene mejor sensor que tú. El "no es él" de una madre o un padre atentos es un dato clínico de primera, no una exageración.
Lo que puedes hacer tú, sin recetas
No son principios abstractos; son reglas concretas.
- En el minuto uno, consuela y observa. Cógelo, cálmalo, y de paso fíjate en el mecanismo (desde dónde, sobre qué) y en que mueve todo con normalidad y reacciona a tu voz [1,7,9]. Esa información es la que pedirá el pediatra o el 112.
- Pon el frío bien o no lo pongas. Cuanto antes, siempre envuelto en un paño —el hielo directo quema— en tandas de no más de unos 20 minutos que puedes repetir a ratos las primeras horas [3,9]. Nada de alcohol ni remedios de casa sobre el golpe.
- Trata el dolor, no adivines. Si hace falta algo, el de referencia es el paracetamol; el ibuprofeno y otros antiinflamatorios, no por tu cuenta tras un golpe en la cabeza [9]. La dosis, según su peso, la dice tu pediatra o el farmacéutico —no la lleves en el bolsillo. (Criterio general de urgencias pediátricas; que el pediatra lo confirme en cada caso.)
- Déjale dormir, pero comprueba. La ventana de vigilancia de 24-48 horas sigue vigente, porque algún síntoma puede tardar en salir [1,7,9]. Lo que ya no se recomienda es despertarle cada hora toda la noche: agota sin dar seguridad [2,4]. Déjale descansar y comprueba de vez en cuando que se despierta con normalidad y responde; si te cuesta despertarle de verdad, eso sí es urgencia [2,4].
- Nunca le dejes solo durante la observación, ni encima del cambiador, la cama o el sofá el resto del tiempo [14,16].
El mito que hay que jubilar
Durante décadas se dijo: "no le dejes dormir, despiértale cada hora, no vaya a ser". Es cómodo de recordar, es un mal consejo, y hace daño —no porque vigilar esté mal, que no lo está, sino porque confunde vigilar con no dejar dormir [3,4]. Las guías actuales lo tienen claro: el descanso ayuda a recuperarse, y lo que hay que hacer no es impedir el sueño, sino comprobar de vez en cuando que el sueño es normal y el bebé se despierta bien [2,4]. No es "que no duerma"; es "que responda cuando lo compruebo".
Y el otro mito, el del bulto: "si el chichón sale hacia fuera es bueno, si va hacia dentro es malo". No hay evidencia de que la forma del chichón diga nada de la gravedad. El tamaño impresiona, la dirección no informa. Lo que importa está dos capas más adentro y se lee en la cara del bebé, no en el bulto.
Que tu bebé llore tras el golpe y se calme en tus brazos es una buena noticia: está despierto y reacciona [1,9]. Tu trabajo no es medir el chichón; es vigilar a quien lo lleva puesto, y saberte las dos filas que no esperan: menos de tres meses, y cualquier señal neurológica. Todo lo demás, casi siempre, es un susto que en una semana no será ni una marca [11].
Concepto y contexto
El traumatismo craneoencefálico (TCE) pediátrico abarca desde el golpe trivial hasta la lesión intracraneal. En el lactante y el niño pequeño la inmensa mayoría son leves y de bajo riesgo, pero el grupo obliga a un umbral de consulta más bajo por dos motivos: inmadurez del cráneo y del encéfalo, y ausencia de reflejos de protección (el que aún no camina no amortigua la caída con las manos) [1,6,7]. Por eso, en un no-deambulante, un mecanismo de "baja energía" (cambiador, cama, sofá, brazos del adulto) tiene riesgo no despreciable, a diferencia del tropiezo de un niño que ya anda [1,6,7].
El chichón (hematoma subgaleico/subcutáneo)
Colección hemática superficial por rotura de vasos del cuero cabelludo; el hematoma subcutáneo simple no es marcador de lesión intracraneal por sí mismo [5,9,11] (el cuero cabelludo y el cerebro no están conectados [8]). Matiz clínico importante: el subtipo subgaleal sí conlleva mayor riesgo de LIC que el subcutáneo, y el cefalohematoma (subperióstico) lo conlleva especialmente si es >3 cm y de consistencia blanda, si es no frontal en <2 años, o de cualquier localización en <3 meses [5]. En el lactante tiende a mayor y más rápida expansión por la laxitud del tejido subcutáneo y la rica vascularización del scalp [1,11]. Evolución esperable: hinchazón que aparece rápido tras el golpe y remite con los días; en la frente suele resolverse con rapidez y no ser grave [11]. Motivan reconsulta específica sobre el propio hematoma: tamaño muy grande con crecimiento sostenido pasadas varias horas, ausencia de remisión tras 48 h, o localización en sienes, detrás de las orejas o cara —zonas que, según fuente hospitalaria, sí requieren valoración profesional aunque el hematoma no sea la alarma principal [11]. La aplicación de frío local precoz (cuanto antes; tandas de no más de ~20 min, repetidas; nunca hielo en contacto directo con la piel) limita el edema y alivia el dolor [3,9].
Estratificación del riesgo: la hace el clínico
La decisión de neuroimagen/observación se apoya en reglas validadas —la referencia internacional es PECARN (Kuppermann et al., Lancet 2009), que identifica a los niños de muy bajo riesgo de lesión intracraneal clínicamente relevante y en los que puede evitarse la TC [12]. En España, el documento de referencia en urgencias es el protocolo "Trauma craneal" de la SEUP/AEP (González Balenciaga, Protoc Diagn Ter Pediatr, edición verificada 2020, misma serie que la 4ª ed. 2024 citada originalmente), que estratifica riesgo en función de la clínica y define la observación hospitalaria: mínimo 4-6 horas tras el traumatismo en riesgo intermedio, con revaloraciones periódicas de la escala de Glasgow [5]. Esta app no aplica ninguna regla de cribado ni puntúa gravedad: informa de los signos y deriva; puntuar/triar automáticamente un TCE sería producto sanitario Clase IIb.
Banderas rojas de derivación urgente
Sintetizado y cruzado entre AEP/EnFamilia, SEUP, NICE NG232, AAP/HealthyChildren, NHS (Healthier Together) y Seattle Children's Hospital [1,2,5,6,7,8,10,12]:
- Pérdida de conciencia, aunque breve.
- Vómitos repetidos (≥ 2-3); un vómito único inmediato al golpe es frecuente y no siempre patológico [7,8].
- Alteración del nivel de conciencia: somnolencia anormal, dificultad para despertar, no despierta con normalidad para las tomas.
- Irritabilidad extrema/llanto inconsolable, rechazo persistente de la alimentación.
- Convulsión.
- Otorragia o salida de líquido claro (LCR) por nariz/oídos —sospecha de fractura de base de cráneo.
- Hundimiento craneal palpable/visible; herida que crece de forma llamativa.
- Anisocoria o cambios pupilares/visuales; focalidad neurológica (debilidad, incoordinación, alteración del habla en quien ya vocaliza).
- Palidez marcada/mal color; cambio de comportamiento mantenido respecto a la línea base [6,7,8,10].
En el lactante, estos signos se expresan como cambios conductuales más que como quejas: cese de la succión, llanto atípico, hipersomnia fuera de horario, hipotonía relativa ("más flojo") [2,10].
Mecanismo y edad: dos moduladores del umbral
- Alta energía: caída > ~1 m o desde altura mayor que la propia talla, accidente de tráfico, superficie dura/escaleras, impacto de objeto pesado ⇒ valoración urgente aunque el paciente esté asintomático [1,6,7,10].
- < 3 meses con cualquier TCE ⇒ valoración siempre, sin usar el buen estado general como criterio de exclusión; mismo principio que rige la fiebre a esta edad [10,17] (la ref.7/NHS enfatiza el umbral de «< 1 año»; el corte específico de < 3 meses se ancla en la fuente AEP —refs 10 y 17—).
- < 1 año: valoración urgente si, además del golpe, aparecen vómitos, empeoramiento progresivo del malestar/llanto, comportamiento anómalo, o caída desde altura mayor que su estatura [7,10].
Observación domiciliaria: qué se mantiene y qué cambió
- Se mantiene la ventana de vigilancia de 24-48 h en el TCE sin banderas rojas iniciales, porque algunos síntomas pueden ser diferidos [1,7,9,11].
- Cambió la recomendación de despertar sistemáticamente cada hora toda la noche: las guías divulgativas actuales (Seattle Children's/Nemours KidsHealth) ya no la sostienen —el descanso favorece la recuperación y el despertar continuo agota sin aportar seguridad real [2,4].
- Pauta actual: permitir el sueño normal y comprobar de forma periódica, sin despertar sistemáticamente, que el niño despierta con normalidad si se le moviliza, responde y respira con tranquilidad; la dificultad anormal para despertar es criterio de alarma inmediata [2,4]. La fuente infantil específica (AAP, Concussions in Babies) es explícita: «no hay necesidad de despertarlo periódicamente mientras duerme… salvo que su médico se lo indique» [2]. (Matiz de fuente: algunas guías NHS mencionan comprobaciones "cada hora" en las primeras horas —ventana inicial más corta—, no toda la noche; se traslada como matiz, no como pauta cerrada. No se localizó fuente pediátrica que fije una cadencia horaria concreta para el lactante, por lo que no se da una cifra.) Recomendación de seguridad de sentido común, no anclada a una guía concreta: pernoctar la primera noche cerca del bebé.
Conmoción (concusión) en el lactante
TCE leve con alteración transitoria de la función cerebral, habitualmente sin lesión estructural en imagen [2,7]. En el lactante/niño muy pequeño, al no poder verbalizar cefalea, mareo o visión borrosa, se manifiesta casi siempre como cambio conductual: irritabilidad o apatía, mayor demanda de brazos, alteración del sueño (hipersomnia o insomnio) y de la alimentación [2,10]. El informe de los cuidadores es la herramienta clave del diagnóstico en esta franja etaria [2]. Emergencias específicas (112/urgencias): llanto inconsolable, rechazo total de tomas, vómitos repetidos, alteración del habla en los que ya vocalizan, hipersomnia/dificultad de despertar, anisocoria, convulsión, cambio marcado respecto a la línea base o pérdida de conciencia [2]. Recuperación potencialmente más prolongada (semanas) que en el mayor; manejo actual con reducción progresiva de estímulos más que reposo absoluto, considerando el sueño beneficioso [2].
Qué NO hacer
- No forzar la vigilia ni despertar sistemáticamente cada hora toda la noche (mito desactualizado) [2,3,4].
- No aplicar hielo en contacto directo con la piel (riesgo de lesión por frío) [3,9].
- No administrar ibuprofeno u otros AINE sin indicación tras un TCE, por su efecto antiagregante que podría enmascarar/agravar un sangrado; el paracetamol es la opción analgésica habitual [9] —la propia AAP/HealthyChildren lo formula así: no dar medicación para el dolor salvo paracetamol, a menos que el médico indique lo contrario. (Matiz: no todas las guías coinciden —NHS Healthier Together admite paracetamol y/o ibuprofeno indistintamente [7]— por lo que ante la duda prevalece el criterio más prudente y se consulta al pediatra o farmacéutico.)
- No dejar solo al bebé durante la observación; no movilizar bruscamente el cuello si el mecanismo sugiere alta energía [7].
- No fiar la tranquilidad únicamente al llanto: su presencia es buena señal (consciencia), pero un llanto que cesa bruscamente y da paso a hipersomnia también puede ser alarma [3,7].
Otras caídas: extremidades y equimosis
Sospecha de fractura de miembro tras caída: sonido de crujido/roce en el momento del golpe, deformidad visible, hinchazón/moretón y dolor a la palpación, o dificultad para mover el miembro o apoyar peso ⇒ valoración el mismo día [13]. Las equimosis en prominencias óseas (frente, espinillas, rodillas, codos) son esperables en el que gatea/anda y no alarman de forma aislada. Conviene comentar con el pediatra las que aparecen sin traumatismo recordado, en localizaciones atípicas (tronco, espalda, orejas, glúteos), múltiples y de diferente cronología, o de resolución muy prolongada —seguimiento de salud habitual, no dato exclusivo de TCE, sin generar alarma innecesaria.
Prevención
- Cambiador: nunca dejar solo al bebé, ni un segundo; preparar todo antes y, si hay que alejarse, cogerlo en brazos; colchoneta con borde anticaídas y base antideslizante [14,15]. Es una de las causas más frecuentes de urgencia por caída en el primer año [15].
- Cama/sofá/superficies elevadas: no dejar solo al no-deambulante sobre nada de lo que pueda rodar [16].
- Cuna: revisar altura del colchón, separación de barrotes y firmeza desde el primer mes [16].
- Trona/hamaca: arnés siempre, sujeto al mueble [15].
- Desde que se desplaza: barreras en escaleras, anclaje de muebles/TV a la pared, protección de ventanas [16].
MDR / límites
Contenido informativo. No diagnostica, no clasifica ni puntúa la gravedad de un traumatismo de forma automatizada (cribar/triar sería producto sanitario Clase IIb), no pauta dosis individual. La estratificación del riesgo (p. ej. reglas PECARN/SEUP) y toda decisión clínica corresponden al profesional. Ante cualquier bandera roja, mecanismo de alta energía, o bebé menor de 3 meses con cualquier golpe en la cabeza: valoración médica urgente. Ante la duda, consultar (pediatra, urgencias o 112).






