Qué es la gastroenteritis (el "virus de barriga")

La gastroenteritis aguda es lo que en casa llamamos "un virus de barriga": una inflamación del estómago y el intestino que hace que las cacas sean más líquidas y más frecuentes de lo normal (más de tres al día), y que muchas veces se acompaña de vómitos, algo de fiebre y retortijones [1,2]. Casi siempre la causa es un virus, no una bacteria; por eso los antibióticos no sirven para curarla —no actúan contra los virus [1,3]. El virus que más da la lata y el que más deshidrata a los niños pequeños en todo el mundo es el rotavirus [3,7].

Y aquí una buena noticia que tranquiliza: en la inmensa mayoría de los casos se cura sola en unos días, sin ningún tratamiento especial [2,7]. Lo que tú tienes que hacer en casa no es "parar" la diarrea, sino algo mucho más útil: evitar que tu bebé se deshidrate [3,7].

La idea que lo ordena todo: reponer, no cortar

El problema de una gastroenteritis no es la caca floja en sí. El problema es que, entre la diarrea y los vómitos, tu bebé pierde agua y sales más rápido de lo normal, y un bebé pequeño tiene poco margen [6,7]. Así que el trabajo es sencillo de entender: reponer lo que pierde.

Para eso hay una herramienta hecha justo para esto: el suero de rehidratación oral (SRO) de la farmacia. Son esos sobres para disolver en agua o esas botellitas ya preparadas [3,8]. No es agua con azúcar cualquiera: lleva la mezcla exacta de agua, un poco de azúcar y sales (sodio, potasio) que el intestino inflamado necesita para absorber bien el líquido [4,8]. La Organización Mundial de la Salud recomienda desde hace años una fórmula "suave" (de baja concentración), que es en la que se basan los sobres que compras hoy [8].

Lo que NO sirve (aunque lo diga tu cuñado)

  • Agua sola, no. Si hay pérdidas importantes, el agua sola no repone las sales, y dada en grandes cantidades puede incluso "diluir" el sodio de la sangre del bebé, que es peligroso, sobre todo en los más pequeños [3,7]. El agua está bien para una descomposición muy leve, pero no sustituye al suero cuando la cosa va en serio.
  • Bebidas de deporte (isotónicas), no. Están pensadas para un adulto que suda haciendo ejercicio: llevan poca sal y demasiado azúcar para lo que necesita un intestino con gastroenteritis, y ese exceso de azúcar puede empeorar la diarrea [7,8].
  • Zumos sin diluir y refrescos con gas, no. Mismo problema: demasiado azúcar, más diarrea [3].
  • Suero casero "a ojo", no. La proporción de sal y azúcar es delicada: si te pasas de sal o de azúcar, en vez de hidratar puedes secar más al bebé. Por eso se usan los preparados de farmacia, que vienen con la mezcla medida [7,8].

Cómo darle el suero: poco y muy a menudo

Este es el truco práctico que más ansiedad quita cuando el bebé vomita: no intentes que beba mucho de golpe. Se da poquito y muy seguido [1,3].

  • Con una cucharilla o una jeringa sin aguja (o un vasito, según la edad), le vas dando pequeñas cantidades —del orden de una cucharadita cada pocos minutos— y vas subiendo la cantidad poco a poco si lo va tolerando [1,3].
  • Si acaba de vomitar, espera un rato (una media hora larga) y vuelve a empezar con cantidades muy pequeñas cada pocos minutos [1]. Darle mucho de golpe justo después de un vómito suele provocar otro.
  • Si toma pecho, sigue dándoselo con normalidad, en paralelo al suero. La teta no se quita (te lo cuento en el punto siguiente) [3,4].

Una nota importante y honesta: aquí no te voy a poner una tabla de "tantos mililitros por kilo". La cantidad exacta que necesita tu bebé si ya hay deshidratación te la dice tu pediatra o el prospecto del preparado, mirándole a él. Lo general —poco y frecuente— vale para todos; la cuenta fina, no.

Seguir comiendo: nada de ayuno ni de dieta de arroz durante días

Este es uno de los cambios de mentalidad más importantes, porque va contra lo que contaban las abuelas (con toda su buena intención):

  • No hay que dejar al bebé en ayunas "para que descanse el estómago". Al revés: comer pronto ayuda a que el intestino se recupere antes [2,3,4].
  • El pecho no se interrumpe nunca. Tanto la guía europea de pediatras como la británica lo dicen con todas las letras: la lactancia materna se mantiene durante todo el proceso, en paralelo al suero [3,4].
  • El biberón, igual y sin rebajar. Se sigue dando la leche de fórmula habitual, a la concentración de siempre, sin diluirla en agua [3,4].
  • Nada de dieta blanda estricta durante días (solo arroz, manzana, zanahoria, pollo hervido). En cuanto pase la fase inicial de rehidratación (unas horas), se vuelve a la comida normal para su edad, incluidos los lácteos, evitando solo el exceso de dulces y fritos los primeros días [2,3,4].

Las señales de deshidratación: mira al bebé, no solo el pañal

No hace falta que aciertes "el grado exacto". Lo que importa es reconocer el patrón. Cuantas más de estas señales veas juntas, más ojo [1,3]:

Vas bien (vigilar en casa): tu bebé está espabilado y juega entre episodios, llora con lágrimas, tiene la boca húmeda, moja pañales como siempre y bebe bien lo que le ofreces.

Empieza a deshidratarse (llama al pediatra):

  • Está más irritable o más apagado de lo normal.
  • Ojos hundidos.
  • Boca y lengua secas, poca saliva.
  • Llora con poca o ninguna lágrima.
  • Moja muchos menos pañales de lo habitual.
  • La fontanela hundida (la parte blanda de la cabeza, en los bebés que todavía la tienen abierta).
  • Tiene mucha sed, bebe con ansia cuando le ofreces.

Urgencia (no esperes): muy flojito, le cuesta despertarse o mantenerse espabilado; piel pálida, con manchas o fría; respira muy rápido; o directamente no consigue retener nada de líquido [3].

Cuándo ir a urgencias, sin dudar

Hay situaciones en las que no se espera a ver [1,3]:

  • Tu bebé está muy decaído, cuesta despertarlo o "no está bien" y tú lo notas.
  • Sangre en la caca (o mocos con sangre).
  • Vómito verde o amarillo fuerte (bilioso): puede ser señal de algo más serio que un virus.
  • Fiebre en un bebé de menos de 3 meses: a esa edad, cualquier fiebre es motivo de valoración urgente, aunque parezca "solo" una gastroenteritis.
  • No hay manera de rehidratarlo: vomita todo, rechaza el líquido por completo, la diarrea y los vómitos son tan seguidos que no das abasto.
  • Cualquier signo de deshidratación importante de la lista de arriba.

Y una regla de fondo: cuanto más pequeño es el bebé, menos margen tiene y antes hay que consultar.

Antidiarreicos, antibióticos, probióticos... ¿algo de esto ayuda?

  • Antidiarreicos de los de adultos (los que "frenan" la tripa): no. La guía británica lo dice claro: no se usan en niños [3]. Frenar el tránsito solo tapa el síntoma y puede hacer que los gérmenes se queden más tiempo dentro.
  • Antibióticos: no, de rutina. Como casi siempre es un virus, no sirven de nada; solo se plantean en casos muy concretos que decide el pediatra [3,10].
  • Probióticos: los famosos "fermentos". Pueden ser un complemento razonablemente seguro, pero la evidencia más reciente y sólida es cauta: la gran revisión Cochrane de 2020 encontró que en los casos que ya llevan más de un par de días probablemente hacen poca o ninguna diferencia, con dudas sobre si de verdad acortan la diarrea [5]. No son imprescindibles y no sustituyen al suero.
  • Racecadotrilo: es un fármaco (no un suplemento inocuo) que reduce la secreción de líquido en el intestino. La evidencia es modesta y limitada, así que si se usa, lo decide el pediatra, nunca por tu cuenta [4,9]. El artículo te informa de que existe; no te anima a usarlo ni te dice dosis.

En una frase: el suero es el tratamiento; todo lo demás son, como mucho, acompañantes.

Prevenir: manos y vacuna

  • Lavarse las manos es la medida más barata y más eficaz [7]. Según la mayor revisión Cochrane sobre el tema, lavarse las manos con jabón puede reducir alrededor de un tercio las diarreas en los niños [12]. Momentos clave: después de cambiar el pañal, antes de preparar o dar la comida y después de ir al baño.
  • La vacuna del rotavirus está en el calendario infantil; en España, el Ministerio de Sanidad recomienda ponerla de forma sistemática, en varias dosis por boca durante los primeros meses de vida [11].
  • Dar el pecho también protege un poco frente a estas infecciones: una razón más para no quitarlo [7].

Cuánto dura

La mayoría de las gastroenteritis víricas duran unos pocos días, típicamente entre 5 y 7, aunque la diarrea puede alargarse algo más (hasta una o dos semanas) sin que eso signifique que haya complicación [1,2]. Los vómitos suelen irse antes que la diarrea, normalmente en el primer día o dos. Si pasa de dos semanas, conviene que lo revise el pediatra [3].

El enemigo no es la diarrea

Segundo pañal líquido en una hora. Le ofreces el pecho, mama un poco, y a los diez minutos lo devuelve entero sobre tu hombro. Alguien te dirá que le des algo para "cortar eso", que lo pongas a dieta de arroz, que con un poco de agua ya está. Voy a contar la historia corta, en el orden en que he visto que funciona, y empieza por cambiar de enemigo.

Lo primero: en una gastroenteritis del bebé, el problema no es la diarrea; es la deshidratación [6,7]. La diarrea es el síntoma ruidoso, pero casi siempre es un virus banal —rotavirus, norovirus— y casi siempre se cura solo en unos días [2,7]. Lo que puede hacer daño de verdad no es la caca floja: es que, entre lo que sale por abajo y lo que vuelve por arriba, un cuerpo pequeño pierde agua y sales más rápido de lo que las repone [6,7]. Así que el objetivo en casa no es "parar" la diarrea; es reponer lo que se pierde [3,7]. Todo lo demás es secundario.

Este texto no es una consulta ni una pauta. No te va a decir cuántos mililitros darle: eso lo decide tu pediatra o el prospecto, mirándole a él. Lo que sí hace es darte lo poco que hay que tener claro con un bebé descompuesto: con qué se rehidrata, con qué no, cómo se da, qué señales miran de verdad la deshidratación y dónde está la línea que no espera.

La herramienta correcta tiene nombre y apellido

El tratamiento de la gastroenteritis del bebé es la rehidratación oral con suero de farmacia, no frenar la diarrea [3,7].

No sirve cualquier líquido. Sirve la solución de rehidratación oral (SRO) de baja concentración: esos sobres o botellitas de la farmacia con la mezcla exacta de agua, algo de azúcar y sales que un intestino inflamado necesita para volver a absorber bien [4,8]. La OMS lleva desde 2003 recomendando la fórmula de osmolaridad reducida —la "suave"—, que es en la que se basan los preparados actuales [8]. Y aquí viene la primera honestidad técnica, la de los mitos que circulan por el grupo de WhatsApp del parque:

  1. No es agua sola. El agua no repone sales, y en grandes cantidades puede diluir el sodio de la sangre del bebé —hiponatremia—, un riesgo real en los más pequeños [3,7]. Como hidratación de una descomposición muy leve, vale; como sustituto del suero cuando hay pérdidas serias, no.
  2. No es la bebida de deporte. Las isotónicas están calibradas para un adulto que suda en un gimnasio: poca sal, mucho azúcar. Ese exceso de azúcar tira de agua hacia el intestino y empeora la diarrea [7,8]. No es que sea "parecido pero peor": es que va en la dirección contraria.
  3. No es el suero casero "a ojo". La proporción de sal y azúcar es crítica; pasarse de sal deshidrata más, quedarse corto no repone. Por eso las guías mandan al preparado de farmacia, de composición medida, y no a la limonada improvisada [7,8].

No es una cuestión de marca ni de gasto. Es que la diferencia entre hidratar y empeorar está en la composición, y esa composición ya está resuelta en un sobre de dos euros.

Cómo darlo, sin recetas

No son principios abstractos; son gestos concretos.

  1. Poco y muy a menudo. Ofrécelo en cantidades pequeñas —del orden de una cucharadita cada pocos minutos— con cuchara, jeringa sin aguja o vasito, subiendo el volumen poco a poco según lo tolere [1,3]. Intentar que beba mucho de golpe es la receta para el siguiente vómito.
  2. Después de un vómito, respira antes de reanudar. Espera un rato —del orden de media hora larga— y vuelve a empezar con cantidades mínimas y frecuentes [1]. La prisa provoca el rechazo.
  3. La teta no se toca. Si mama, sigue dándole el pecho en paralelo al suero, durante todo el proceso; las guías europea y británica coinciden en que la lactancia materna no se interrumpe [3,4].
  4. No te lleves la dosis en el bolsillo. El "poco y frecuente" vale para todos; la cantidad concreta que necesita tu bebé si ya hay deshidratación la calcula el pediatra o el prospecto, según su peso y su estado —no un artículo [3]. Aquí no hay tabla que valga por ti.

El mito del ayuno y de la dieta de arroz

Y aquí desmonto con datos, no con más retórica, la idea más pegajosa que hay sobre esto: la de "dejar el estómago en reposo" y tenerlo a dieta blanda varios días. Es cómoda, es antigua, y es falsa. Las guías de referencia —la europea ESPGHAN/ESPID y la británica NICE— recomiendan justo lo contrario: reintroducir la alimentación habitual pronto, en cuanto pasa la fase inicial de rehidratación, y sin restringir grupos enteros de alimentos [2,3,4]. El biberón, con la fórmula de siempre y sin rebajar [3]. Los lácteos no se retiran "por si acaso" [4]. El ayuno prolongado no da descanso: retrasa la recuperación de la mucosa. La dieta de arroz, manzana y zanahoria durante días no cura nada; solo aburre a un niño que necesita comer.

La línea roja: cuándo es urgencia sin discusión

Esto es lo que quiero que te lleves aunque olvides el resto. El manejo en casa vale mientras puedas mantener el ritmo de reposición y tu bebé aguante bien. Se rompe la baraja y toca valoración urgente cuando aparece cualquiera de estas [1,3]:

  1. Cómo está: muy decaído, cuesta despertarlo, no se le consuela, mal color (pálido, con manchas, frío) —signos de que la deshidratación va en serio [3].
  2. Sangre en las heces o vómito verde/bilioso: ninguno de los dos es propio de un virus de barriga simple; ambos piden que lo miren [1].
  3. No hay forma de rehidratar: vomita todo, rechaza el líquido por completo, o la frecuencia de diarrea y vómitos hace imposible seguir el ritmo en casa [1].
  4. Bebé de menos de 3 meses con fiebre: a esa edad, cualquier fiebre se valora de forma urgente, aunque el cuadro parezca "solo" gastroenteritis. Y cuanto más pequeño, menos margen: el umbral para consultar baja.

Fíjate en lo que no está en esta lista: la cantidad de deposiciones no es, por sí sola, el dato clave. Un bebé con muchas cacas pero espabilado, con lágrimas y mojando pañales, va mejor que uno con menos cacas pero apagado y con la boca seca. Mira al bebé, no solo el pañal.

Lo que la farmacia vende y la evidencia no promete

Vas a ver en el mostrador probióticos y quizá te suene el racecadotrilo. Toca separar "existe el producto" de "el número es el correcto", que no es lo mismo. Los probióticos pueden ser un complemento razonablemente seguro, pero la revisión Cochrane más grande y reciente (2020) es cauta: en los cuadros que ya llevan más de un par de días, probablemente hacen poca o ninguna diferencia, y hay dudas sobre si acortan la diarrea de forma fiable [5]. El racecadotrilo es un fármaco, no un caramelo: la evidencia que lo respalda es modesta y limitada, así que su uso, si se plantea, es decisión del pediatra ante el caso concreto, nunca automedicación [4,9]. Ninguno de los dos sustituye al suero. Ante la incertidumbre, la regla es sencilla: lo que sostiene el tratamiento es la rehidratación; el resto son acompañantes con evidencia floja.

Prevenir cuesta poco

Dos gestos con respaldo. Lavarse las manos con jabón —después del pañal, antes de la comida, después del baño— reduce alrededor de un tercio las diarreas en los niños según la mayor revisión Cochrane sobre el tema [12], y es una de las medidas preventivas que subraya la OMS [7]. Y la vacuna del rotavirus, en el calendario infantil, se da por boca en varias dosis durante los primeros meses de vida; en España el Ministerio de Sanidad la recomienda de forma sistemática [11]. El pecho, además, protege un poco de por sí [7]: otra razón para no quitarlo.

Cierre

La gastroenteritis del bebé es aparatosa, ensucia mucho y asusta a las tres de la tarde igual que a las tres de la madrugada. Pero casi siempre gana el propio niño en unos días [2,7], y tu trabajo no es apagar la diarrea: es que no se quede sin líquido mientras el virus se va. Suero de farmacia, poco y frecuente, sin quitar la teta, sin ayunos, y un ojo puesto en las señales que no esperan. La caca no es el enemigo. Lo es la deshidratación, y contra ella tienes un sobre de dos euros y la cabeza fría.

Concepto y etiología

La gastroenteritis aguda (GEA) es una inflamación de la mucosa gastrointestinal que cursa con diarrea de inicio brusco (habitualmente >3 deposiciones/24 h, más líquidas y/o frecuentes de lo habitual), con frecuencia acompañada de vómitos, fiebre y dolor abdominal cólico [1,2]. La etiología es predominantemente vírica en la infancia (rotavirus, norovirus, adenovirus entérico), no bacteriana; de ahí que la antibioterapia no esté indicada de rutina [1,3]. Rotavirus es el agente más frecuentemente asociado a deshidratación y a ingreso hospitalario por GEA en menores de 5 años a nivel mundial [3,7]. Es la patología digestiva más frecuente de la infancia y, en la inmensa mayoría de los casos, autolimitada: el objetivo del manejo domiciliario es prevenir la deshidratación, no acortar la diarrea [2,3]. El diagnóstico es clínico; las pruebas microbiológicas (coprocultivo, PCR) no se realizan de rutina y se reservan para curso prolongado, sangre en heces, factores de riesgo o sospecha de brote [10].

Rehidratación oral: el pilar

El tratamiento es la rehidratación oral con SRO hiposódica de baja osmolaridad de farmacia, formulada para reponer agua, glucosa y electrolitos (sodio, potasio, citrato) en la proporción que el enterocito inflamado precisa para el cotransporte sodio-glucosa [4,8]. La OMS/UNICEF recomiendan desde 2003 la fórmula de osmolaridad reducida, más eficaz y con menor riesgo de hipernatremia que la fórmula clásica de los años 70; es la base de los preparados comerciales actuales [8]. La revisión Cochrane de rehidratación oral frente a intravenosa concluye que la vía oral es de elección en la deshidratación leve-moderada, sin diferencias clínicamente relevantes en desenlaces importantes y con menos efectos adversos que la intravenosa [6].

  • Referencia de guía (orientación profesional, NO pauta domiciliaria): NICE plantea, para reponer el déficit en la deshidratación clínica, un volumen orientativo del orden de 50 ml/kg en unas 4 horas además del mantenimiento, administrado en tomas pequeñas y frecuentes [3]; Guía-ABE ofrece referencias de aporte tras cada deposición/vómito abundante por tramos de edad [1]. Estas cifras son marco de cálculo para el profesional; no deben trasladarse a una tabla de mililitros para aplicar en casa sin criterio individual. La pauta concreta la fija el pediatra o el prospecto del preparado [1,3].

Qué NO usar (y por qué)

  • Agua sola como único aporte ante pérdidas relevantes: no repone electrolitos y, en volumen elevado sin sodio, predispone a hiponatremia dilucional, especialmente en el lactante pequeño [3,7].
  • Bebidas isotónicas de deporte: composición de sodio insuficiente y carga osmótica de azúcar excesiva para el intestino inflamado; pueden agravar la diarrea por efecto osmótico y no corrigen el déficit de sodio [7,8].
  • Zumos sin diluir y refrescos carbonatados: exceso de azúcares simples, diarrea osmótica; desaconsejados en fase aguda [3].
  • Fórmulas caseras de sal/azúcar "a ojo": riesgo de solución hipertónica (empeora la deshidratación) o hiposódica; se prefieren preparados de composición certificada [7,8]. (La OMS valida fórmulas caseras estandarizadas y supervisadas en salud pública con acceso limitado a farmacia; no es el escenario de España, donde la SRO comercial es accesible [8].)

Realimentación y lactancia

Reintroducción precoz de la dieta habitual una vez corregido el déficit inicial (primeras 4-6 h de rehidratación); no está indicado el ayuno prolongado ni la dieta astringente estricta [2,3,4]. La lactancia materna no se interrumpe en ningún momento y se mantiene en paralelo a la SRO (ESPGHAN/ESPID: "Breast-feeding should not be interrupted"; NICE, misma recomendación) [3,4]. La fórmula artificial se mantiene a concentración habitual, sin diluir; ESPGHAN/ESPID recomienda continuar la alimentación regular "with no dietary changes including milk" [4]. La retirada temporal de lactosa solo se plantea, de forma individualizada y habitualmente hospitalaria, ante sospecha de intolerancia transitoria (diarrea que empeora claramente con lácteos); no es recomendación general domiciliaria [4].

Valoración del grado de deshidratación

Gradación clínica combinada (Guía-ABE, NICE, OMS) [1,3,8]:

  • Sin deshidratación clínica: alerta y activo, lágrimas presentes, mucosa oral húmeda, diuresis conservada, sed normal.
  • Deshidratación clínica (leve-moderada): alteración del comportamiento (irritabilidad/inquietud), ojos hundidos, mucosa oral seca, llanto con escasa/nula lágrima, fontanela hundida en el lactante, oligoanuria (referencia orientativa: ausencia de diuresis 6-8 h en lactante), sed aumentada con ingesta ávida [3].
  • Deshidratación grave / shock (urgencia inmediata): nivel de consciencia disminuido/letargia, piel pálida-moteada-fría, taquicardia, taquipnea, pulso débil, relleno capilar enlentecido, turgencia cutánea disminuida, rechazo total o incapacidad de retener líquidos [3].

No se requiere precisar el porcentaje exacto en el domicilio: la agregación de signos aumenta la probabilidad de deshidratación relevante; la presencia de cualquier signo del rango grave obliga a derivación urgente [1,3].

Criterios de derivación urgente

Combinando NICE, Guía-ABE y el consenso español 2025 [1,3,10]:

  • Cualquier signo de shock (letargia marcada, piel pálida/moteada/fría, pulso débil) → traslado urgente [3].
  • Deshidratación grave (estimada >9% del peso) o imposibilidad de rehidratación oral (vómitos incoercibles, rechazo total) [1].
  • Sangre en heces / moco sanguinolento → posible etiología distinta o complicación [10].
  • Vómito bilioso (verdoso/amarillento) → alarma de posible obstrucción, valoración urgente (no es signo de GEA simple).
  • Fiebre en el menor de 3 meses → valoración urgente por mayor riesgo de infección bacteriana grave, con independencia del contexto digestivo.
  • Vómitos/diarrea muy frecuentes y abundantes que hacen inviable la reposición domiciliaria; abdomen muy distendido/doloroso, signos de acidosis o sepsis → criterios de ingreso [1].
  • Umbral de consulta más bajo cuanto menor es el lactante (menor reserva).

Fármacos y adyuvantes

  • Antidiarreicos que enlentecen el tránsito (loperamida): contraindicados en la práctica pediátrica; NICE indica explícitamente no usar medicamentos antidiarreicos en niños [3]. Enmascaran el síntoma sin corregir la pérdida hidroelectrolítica y pueden prolongar la exposición a patógenos/toxinas.
  • Antibióticos: no de rutina (etiología vírica). El consenso español 2025 precisa que la antibioterapia empírica no es rutinaria y se reserva para lactantes de <3-6 meses, inmunodeprimidos o sospecha de sepsis; en infección por E. coli productora de toxina Shiga están contraindicados por riesgo de síndrome hemolítico-urémico [10].
  • Probióticos: ESPGHAN/ESPID 2014 menciona cepas específicas (L. rhamnosus GG, S. boulardii) entre intervenciones posibles adyuvantes [4], pero la Cochrane 2020 (82 estudios, 12 127 participantes) matiza el beneficio: "probablemente poca o ninguna diferencia" en síntomas ≥48 h, incertidumbre sobre reducción fiable de la duración, sesgo de publicación y heterogeneidad marcada [5]. Complemento razonablemente seguro; nunca sustituye a la SRO.
  • Racecadotrilo: antisecretor intestinal. ESPGHAN/ESPID lo incluye entre intervenciones "efectivas" posibles [4]; la revisión sistemática española (An Pediatr, 2008) es más matizada: solo localizó dos ensayos pequeños de calidad media (135 y 172 niños hospitalizados) y concluyó que la proporción de curaciones al quinto día no mejora añadiéndolo al tratamiento habitual, con reducción modesta del volumen de deposiciones en las primeras 48 h y sin diferencias en efectos adversos [9]. (Literatura secundaria posterior apunta a que "probablemente disminuye la duración" sin mayor tasa de eventos adversos, pero procede de fuentes no verificadas de forma directa y se mantiene con cautela; no debe usarse como cifra cerrada sin verificar su fuente primaria.) Es un fármaco: su uso, si se plantea, es decisión del pediatra, no automedicación.

Prevención

  • Higiene de manos con jabón: medida más coste-efectiva; la mayor revisión Cochrane (Ejemot-Nwadiaro et al., 2021) estima que la promoción del lavado de manos previene en torno a un tercio de los episodios de diarrea en niños en países de renta alta (IRR 0,70) —alrededor de un cuarto en comunidades de renta baja-media— [12]. La OMS la señala como medida preventiva junto con agua segura y saneamiento [7]. Momentos clave: tras el cambio de pañal, antes/después de manipular alimentos, tras el uso del baño.
  • Vacuna frente a rotavirus: incluida en el calendario; en España la Ponencia de Programa y Registro de Vacunaciones del Ministerio de Sanidad recomienda su inclusión sistemática, con pauta de varias dosis orales durante los primeros meses de vida (número de dosis y ventana temporal según la vacuna empleada) [11]. La OMS la señala como medida preventiva específica junto con agua potable y saneamiento [7].
  • Lactancia materna: aporta cierta protección inmunológica frente a infecciones gastrointestinales [7].

Curso temporal

GEA vírica típicamente autolimitada en 5-7 días, con posible prolongación de la diarrea hasta 1-2 semanas sin implicar complicación [1,2]. NICE define "diarrea aguda" hasta 14 días; más allá, diarrea prolongada que amerita revaloración [3]. Los vómitos suelen ceder antes que la diarrea (primeras 24-48 h). El "síndrome postenteritis" (intolerancia digestiva transitoria) puede prolongar síntomas leves; si es marcado, consultar [10].

MDR / límites

Contenido informativo. No diagnostica, no clasifica ni puntúa de forma automatizada el grado de deshidratación (cribar/puntuar sería producto sanitario), no calcula ni pauta volúmenes/dosis individuales. Las referencias de volumen de las guías (p. ej. 50 ml/kg/4 h) son marco de cálculo profesional, no instrucciones para el lego. Toda decisión terapéutica y toda valoración de gravedad corresponde al profesional. Ante cualquier signo de alarma, derivación clínica; ante shock, deshidratación grave, intolerancia oral total, sangre en heces, vómito bilioso o fiebre en el menor de 3 meses, derivación urgente.